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Liga del Mundo Islámico - Organismo Mundial para la Presentación del Mensajero

dichos del Profeta

Mensaje del Profeta

  • Relató Abu ia'la, Shadad Ibn Aus (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Alá (la paz sea con él) dijo: “Ciertamente, Alá ha prescripto la benevolencia en todos los asuntos; entonces si matáis, hacedlo bien y si degolláis, degollad bien. Por lo que afilad vuestros cuchillos y no hagáis sufrir al animal que degolláis”. (Transmitido por Muslim)

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Las sociedades están constituidas por individuos diferentes que varían en raza, etnia y religión. Hoy día se habla mucho de sociedades pluralistas y cómo promover la cohesión social en tales sociedades. La forma en que el Islam aborda esta cuestión es única. En el proceso, crea la unión más fuerte posible.

Antes de llegar a una descripción de la unión más fuerte, es importante notar que el Islam trata directamente con la raíz misma de la desunión social: el racismo y el prejuicio. Uno puede pasar tantas leyes como desee, pero mientras esta enfermedad esté enraizada en el corazón, nunca podrá haber verdadera cohesión social.

El Islam ha eliminado esta enfermedad con un versículo que indica dónde descansa el verdadero valor. Dios ha dicho:

“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre [Adán] y una mujer [Eva], y [de su descendencia] os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Dios es el más piadoso. Ciertamente Dios es Omnisciente y está bien informado de lo que hacéis”. (Corán 49:13)

Por lo tanto, la raza y la etnia no deberían tener efecto en lo absoluto con respecto a la cohesión social ante los ojos de un musulmán. Hay, sin embargo, una diferencia que el Islam toma en consideración: la diferencia de fe y religión. En consecuencia, esta discusión sobre la cohesión social enfocará el tema en el contexto de una sociedad pluralista con respecto a la religión.

La unión de la fe

Si uno preguntara hoy día sobre cuál es la unión más fuerte que puede haber entre la gente, muchos probablemente responderían algo como las relaciones consanguíneas, el origen étnico, la nacionalidad, y así. En realidad, el Corán muestra que esos tipos de unión no son tan fuertes si el fundamento tras ellos es débil. En el Corán Dios nos da como ejemplo el de Caín y Abel, que a pesar de ser hermanos, uno mató al otro, así como el ejemplo de los hermanos de José, que lo tiraron a un pozo. Todos ellos eran parientes consanguíneos, sin embargo pusieron la vida mundanal por encima de sus relaciones con los otros. Eso mismo ocurre hoy día por todo el mundo. Los lazos entre la gente están subordinados a sus deseos, metas y búsquedas mundanales. Muchos individuos están dispuestos rápida y fácilmente a vender a sus amigos y hasta a la propia madre para tener éxito en este mundo o para alcanzar algo que desean del mismo.

Todo esto demuestra una cosa: cuando los lazos entre la gente están basados en consideraciones mundanales, aún si se trata de lazos originalmente consanguíneos, estos ceden cuando las consideraciones mundanales demandan que se prescinda de ellos. Por tanto, aquellos no son los lazos más fuertes que se pueden constituir entre las personas. Los lazos más fuertes que pueden alcanzarse entre la gente son los lazos del Islam y la fe verdadera. Estas son uniones entre la gente que son el resultado de su creencia en Dios y su amor por Dios. Esto fue señalado claramente por Dios en el Corán cuando declaró:

“Él es Quien unió vuestros corazones, y tú no habrías podido hacerlo aunque hubieras gastado todo lo que hay en la Tierra, pero Dios los unió [y reconcilió a los grupos divididos]. Ciertamente Él es Poderoso, Sabio”. (Corán 8:63)

Dios también dice:

“Aferraos todos a la religión de Dios y no os dividáis. Recordad la gracia de Dios al hermanaros uniendo vuestros corazones después de haber sido enemigos unos de otros, y cuando os encontrasteis al borde de un abismo de fuego, os salvó de caer en él. Así os explica Dios Sus signos para que sigáis la guía”. (Corán 3:103)

El Corán y la Sunna muestran que la unión de fe es la más fuerte de todas las uniones. Representa humanos de todas partes del mundo uniéndose por un solo propósito: establecer la adoración al Único Dios. Para lograr tal objetivo, los musulmanes trabajan unidos y se ayudan unos a otros con compasión, misericordia y amor.

Hay en verdad numerosos textos del Corán y el hadiz que demuestran más allá de toda duda que los musulmanes forman una hermandad internacional, universal, de hombres y mujeres[1]. En aras de la brevedad, presentaremos aquí sólo unos pocos ejemplos de esos textos:

Dios dice:

“Los creyentes y las creyentes son aliados unos de otros, ordenan el bien y prohíben el mal, cumplen con la oración prescrita, pagan el Zakat y obedecen a Dios y a Su Mensajero. Dios tendrá misericordia de ellos; y Él es Dios, Poderoso, Sabio”. (Corán 9:71)

Otro versículo dice:

“Ciertamente los creyentes son todos hermanos entre sí…”. (Corán 49:10)

Dios también dice:

“Muhammad es el Mensajero de Dios. [Los creyentes] Quienes están con él son severos con los incrédulos, pero misericordiosos entre ellos…”. (Corán 48:29)

El Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:

“El creyente con respecto a otro creyente es como un edificio, una porción fortalece a otra”. (Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim)

Otro hadiz declara:

“La parábola de los creyentes con relación a su amor, misericordia y compasión el uno por el otro, es como aquella del cuerpo: si una de sus extremidades sufre, el resto del cuerpo es afligido por el desvelo y la fiebre”. (Sahih Muslim)

Pero esta gran hermandad del Islam no es algo simplemente teórico. Es, de hecho, bien definida y apoyada por la guía práctica[2]. Tiene ciertos componentes básicos para ello, y derechos y obligaciones específicos que están registrados en el Corán y la Sunnah. Estos derechos y obligaciones le corresponden a cada musulmán de toda época y lugar.

Uno de los aspectos necesarios de esta hermandad es el amor. Es decir, es una obligación de todos los musulmanes el amar a sus hermanos musulmanes. De hecho, ellos deben amarlos en forma similar a como cuidan de sí mismos. Como el Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:

 “Ninguno de ustedes será un verdadero creyente hasta que ame a su hermano como se ama a sí mismo”. (Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim)

Un segundo aspecto necesario de esta hermandad es el apoyo mutuo, la ayuda y la asistencia. Cuando su hermano está siendo oprimido u ofendido, él viene en su ayuda y lo asiste con su riqueza y su vida, si es posible. Esto se describe, por ejemplo, en los siguientes versículos:

“¿Por qué no combatís por la causa de Dios, cuando hay hombres, mujeres y niños oprimidos que dicen: ¡Señor nuestro! Sálvanos de los habitantes opresores que hay en esta ciudad. Envíanos quien nos proteja y socorra?” (Corán 4:75)

Un tercer aspecto esencial de esta hermandad Islámica es la misericordia y la ternura entre los creyentes. Este objetivo va más allá del simple amor de uno por otro, sino que significa que cada hermano siente en su corazón lo que le está pasando a su hermano. El Profeta describe a los musulmanes de la siguiente manera:

“La semejanza de los creyentes en relación al amor mutuo, el afecto, la camaradería, es como la de un cuerpo: cuando cualquier extremidad enferma, todo el cuerpo sufre fiebre y desvelo”. (Sahih Muslim)

Un componente necesario final de nuestra hermandad son los actos comunes de cortesía. La verdadera hermandad tiene que ponerse en práctica, no puede ser simplemente una declaración de dientes para afuera. Un aspecto sorprendente y hermoso del Islam es que no deja asuntos en un nivel hipotético para que cada individuo tenga que imaginarse cómo alcanzar las metas establecidas. Así, por ejemplo, el Profeta ha detallado actos específicos que uno tiene el derecho de esperar de parte de su hermano y los cuales uno debería también realizar hacia su hermano. Entre estos actos comunes obligatorios de cortesía hay seis mencionados por el Profeta:

“Son seis los derechos de un musulmán sobre otro musulmán… Cuando lo veas, salúdalo; cuando te invite a comer, acepta; cuando busque tu consejo sincero, dáselo; cuando estornude y diga ‘al-hamdulillah’, di, ‘que Dios tenga misericordia de ti’; cuando enferme, visítalo; y cuando muera, acompaña su cortejo fúnebre”. (Sahih Muslim)

Más allá de estas seis prácticas bien conocidas, la Ley Islámica guía a los musulmanes a muchas otras prácticas que ayudan a engendrar amor y cercanía entre los creyentes, lo que es un objetivo obvio de la Ley en sí misma. Así, por ejemplo, si un musulmán ama a otro musulmán por causa de Dios, él debe dar cuenta al otro individuo de tal sentimiento. El Profeta explicó la razón de hacer esto cuando dijo:

“Si uno de ustedes ama a su hermano por causa de Dios, debe informarle de esto, puesto que ello hará la unión más duradera y el amor más fuerte” [3].

El Profeta también dijo:

“Por Aquel que tiene mi alma en Sus manos, no entrarán al Paraíso hasta que crean. Y no creerán hasta que se amen unos a otros. En verdad, permítanme informarles cómo lograr esto: propaguen la paz entre ustedes”. (Sahih Muslim)

Este hadiz podría referirse a propagar los saludos de paz (Salam) o a realizar obras concretas que brinden paz y fraternidad.

El Profeta también señaló la importancia de darse regalos unos a otros. Dijo:

“Intercambien regalos y se amarán unos a otros”. (As-Suyuti)

El Profeta también alentó a los musulmanes a visitarse unos a otros. Declaró:

“Visítense unos a otros ocasionalmente, y el amor [entre ustedes] se incrementará”. (At-Tabarani)

Además de todos estos actos positivos, cuando uno evita los actos prohibidos el resultado también será positivo para las relaciones interpersonales. En otras palabras, cuando uno evita hablar mal, calumniar, mentir, estafar, espiar y cosas así, nada más que el bien resultará del distanciamiento de estas prácticas malvadas que el Islam claramente ha prohibido.

Así, uno puede concluir que la cohesión social entre musulmanes es definitivamente una de las metas más buscadas en el Islam. Además, están establecidos los pasos prácticos para asegurar que esta meta sea alcanzada.

Los musulmanes de cara a los no-musulmanes

Obviamente, la sociedad no consistirá de sólo musulmanes. Por otra parte, los musulmanes y los no-musulmanes están siguiendo caminos muy distintos. La vida de un musulmán gira enteramente alrededor de la creencia correcta en Dios. La actitud de un musulmán hacia los otros también está determinada por la actitud de los otros hacia Dios. Un musulmán no puede sentir completa afinidad y amor hacia alguien que le ha dado la espalda a Dios, rehusándose a entragarse a Él o ridiculizando la creencia en Él. Simplemente no es natural que haya amor completo entre estos dos tipos de personas[4]. Sin embargo, incluso dado este posible sentimiento negativo en el corazón, un musulmán debe tratar con los no-musulmanes sobre la base de principios justos. Esto aplica para todos los no-musulmanes. Muchos no-musulmanes no son en modo alguno antagonistas de los musulmanes, mientras que otros exhiben un claro e inequívoco desprecio y odio hacia los musulmanes[5].

Uno de los principios básicos de comportamiento hacia los no-musulmanes no beligerantes se halla en el siguiente versículo del Corán:

“Dios no os prohíbe ser benevolentes y equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos”. (Corán 60:8)

Una obligación importante hacia los incrédulos es el trato justo y apropiado. Esto fue descrito por el reconocido erudito musulmán, el Sheij Ibn Baz, quien dijo:

“[los musulmanes] no deben hacer mal a otra persona con respecto a su vida, su riqueza o su honor, si el no-musulmán es ciudadano de un Estado Islámico o ha alcanzado otro tipo de protección. Deben cumplir con los derechos del otro. No deben dañarlo con respecto a su riqueza, robándole, engañándolo o estafándolo. No pueden dañarlo en su cuerpo golpeándolo ni matándolo. Tiene una protección estatal que garantiza la protección de su vida de todas esas cosas” [6].

Un musulmán puede interactuar con los no-musulmanes, comprar, vender o rentar de ellos o a ellos, por ejemplo[7]. Incluso en un nivel social puede haber interacción, tal como asistir juntos a comer. Sin embargo, tales interacciones son, por naturaleza, limitadas, debido a las diferencias en las prácticas y costumbres sociales. Quizás uno puede decir que el objetivo final del musulmán en sus relaciones con los no-musulmanes es presentarles el Islam, abriendo así la puerta para que haya una relación completa de amor y hermandad entre ellos. Aún si el no-musulmán es antagónico y ofensivo, el musulmán sabe que puede repeler su maldad con bondad. Dios dice:

“No se equipara obrar el bien y obrar el mal. Si eres maltratado responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente”. (Corán 41:34)

En resumen, como escribió Ibn Baaz:

“Es obligatorio para los musulmanes tratar a los incrédulos de manera islámica, con un comportamiento apropiado, siempre y cuando ellos no combatan a los musulmanes. Uno debe ser confiable, no engañarlos ni traicionarlos, y no mentirles. Si hay una discusión o un debate entre ellos, uno debe debatir con ellos de la mejor manera y ser justo con ellos en la disputa. Esto en obediencia a la orden de Dios:

“No discutáis con judíos y cristianos [acerca de vuestra fe] sino de buen modo, y no lo hagáis con quienes sean irrespetuosos”. (Corán 29:46)

Está prescrito para los musulmanes que los inviten al bien, les adviertan y sean pacientes con ellos, al mismo tiempo que sean solidarios y amables. Esto es porque Dios ha declarado:

“Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría y bellas palabras. Arguméntales de la mejor manera. Tu Señor sabe bien quién se extravía de Su camino y quién sigue la guía”. (Corán 16:125)

Dios también dice:

“…hablad cortésmente…”. (Corán 2:83) [8]

Los musulmanes de cara a la sociedad en conjunto

Cuando un musulmán acepta vivir en una sociedad dada, está en esencia haciendo un pacto con ese país, de que él va a cumplir con las leyes de su Estado. Él no tiene el derecho a violar las leyes de ese país simplemente porque es un musulmán y el país no es un Estado Islámico. Así, todos los principios de comportamiento apropiado que han sido descritos en este capítulo se aplican a un musulmán viviendo dondequiera que pueda vivir. En varios países hoy en día, muchas cosas pueden ser legales pero están prohibidas para un musulmán. Estas cosas legales simplemente son evitadas por el musulmán. Él debe también exigir sus derechos legales para asegurarse que no es forzado a hacer nada que esté prohibido en el Islam. En general, sin embargo, debe estar entre los ciudadanos respetuosos de la ley.

Además de eso, un musulmán debe ser una ventaja para cualquier sociedad en la que viva. Debe ser un ciudadano modelo en muchas formas. Como se describió anteriormente, debe ser un buen vecino. Tiene la obligación de promover el bien y prevenir el mal donde sea que viva. Adicionalmente, debe evitar y oponerse a lo que muchas sociedades ven como los mayores crímenes, como son el asesinato, el robo, la extorsión, etc. Por otra parte, debe mantenerse alejado del uso del alcohol y las drogas, y de esta forma no sobrecargar a la sociedad en su conjunto con sus propias debilidades y adicciones. Finalmente, debe ser justo y equitativo en todas sus relaciones con los demás miembros de la sociedad.

El Islam reconoce el hecho de que es natural para un individuo amar a su país y tener una afinidad por la tierra en la que creció. Cuando los musulmanes fueron forzados a emigrar de La Meca, cuando estaba bajo el control de los politeístas, muchos de ellos expresaron su amor por esta ciudad. Por tanto, es natural para los musulmanes desarrollar un amor por cualquier tierra en la que se encuentren, incluso si el país no es un Estado Islámico. También es natural para los musulmanes desear lo mejor para su tierra natal. Pero, infortunadamente, esta idea de lo que es mejor de nuevo puede no ser compartida o apreciada por otros. Por ejemplo, los musulmanes pueden desear ver el fin de las apuestas, la prostitución y la pornografía. Los musulmanes creen que esto es lo mejor para toda persona consciente, musulmanes tanto como no-musulmanes. Sin embargo, muchos no-musulmanes no comparten este sentimiento. Ahí está el meollo del asunto. Teóricamente hablando, sin embargo, en las sociedades “libres” contemporáneas esto puede no ser un problema. Los musulmanes deben ser capaces de aferrarse a sus valores y costumbres sin hacer daño a los demás, mientras los otros siguen la cultura dominante en tierras no-musulmanas. Si los países “libres” no están dispuestos a brindar a los musulmanes este derecho, significa que ellos no tienen voluntad real de vivir según sus propios ideales. No es que los musulmanes estén tratando de causarles daño, ellos simplemente están tratando de ser buenos ciudadanos mientras viven una forma de vida diferente a la cultura dominante.

Conclusiones

Aún en sociedades pluralistas, las enseñanzas islámicas contribuyen a la cohesión social. Primero, el principal obstáculo para tal cohesión, el racismo y el prejuicio, ha sido removido. Segundo, un amor fuerte y un lazo es creado entre aquellos que comparten la fe Islámica. Tercero, instrucciones claras y decisivas de justicia y comportamiento apropiado son dadas para tratar con aquellos fuera del lazo de la fe. Cuarto, los musulmanes entienden su responsabilidad hacia aquellos que los rodean y, por tanto, contribuyen al bienestar de todos, mejorando aún más los buenos sentimientos y la cohesión dentro de la sociedad.

https://islamhouse.com/ar/articles/445979/

 


[1] Es importante observar que esta hermandad está fundada en una fe común. De hecho, las relaciones de sangre acaban por diferencias en la religión. Dios dice sobre Noé y su hijo: “Noé invocó a su Señor diciendo: ¡Oh, Señor mío! Por cierto que mi hijo era parte de mi familia [y pensé que no sería destruido]; Tu promesa es verdadera, y Tú eres el mejor de los jueces. Dijo Dios a Noé: ¡Oh, Noé! Ciertamente él no era de tu familia, pues obró en forma impía [e incrédula]” (Corán 11:45-46). Por lo tanto, quienes no son musulmanes caen fuera de esta hermandad. Ellos están más que bienvenidos a unirse a esta hermandad abrazando el Islam, en tanto esta hermandad no se basa en la raza, la etnia ni la nacionalidad. Sin embargo, por su elección de religión y creencia han optado por mantenerse fuera de esta hermandad. Como se discutirá más adelante, los musulmanes incluso tienen obligaciones hacia quienes no son musulmanes.

 

[2] Es una gran bendición que en el Islam uno encuentre enseñanzas detalladas que resultan en sus objetivos deseados a la vez que son en extremo prácticas y consistentes con la naturaleza humana. La falta de tales enseñanzas es uno de los grandes dilemas enfrentados por el cristianismo. Con respecto a la cohesión social, las mayores enseñanzas halladas en el Nuevo Testamento son conocidas como los “dichos duros” de Jesús. Son los siguientes: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:38-48) (Nótese que los musulmanes son conscientes del hecho de que las palabras de Jesús no fueron preservadas apropiadamente, y por ello uno no puede en verdad sostener la opinión de que esas fueron sus palabras.) Los propios eruditos cristianos están perplejos. ¿Cómo pueden ser aplicadas esas enseñanzas obviamente imposibles y nada prácticas? Sólo un ejemplo de una discusión sobre estas palabras será suficiente para mostrar qué tan perplejos están: “[Para interpretar estas palabras] el modelo propuesto por Joachim Jeremías es simple, representativo y de influencia continua. De acuerdo a este modelo, el Sermón (las supuestas palabras de Jesús antes mencionadas) usualmente es visto en una de tres maneras: (1) como un código perfeccionista, completamente alineado con el legalismo del judaísmo rabínico; (2) como un ideal imposible, que pretende llevar al creyente primero a la desesperación, y luego a la confianza en la misericordia de Dios; o (3) como una “ética temporal” que refleja lo que se esperaba fuera un periodo corto de espera en el tiempo final, y que ahora es obsoleta. Jeremías agrega su cuarta tesis: El Sermón es un esbozo indicativo de vida incipiente en el reino de Dios, que presupone como su condición de posibilidad la experiencia de la conversión. Esquematizaciones más complicadas o globales han sido ofrecidas, pero la mayoría de los intérpretes pueden ser entendidos en relación a las opiniones propuestas por Jeremías”. [Lisa Sowle Cahill, Ama a Tus Enemigos: Discipulado, Pacifismo y la Teoría de la Guerra Justa (Minneapolis, MN: Fortress Press, 1994), p. 27.]

 

 

 

 

[3] Recopilado por Ibn Abi Dunia en Kitab Al-Ijwan.

 

[4] Este hecho es cierto también para los secularistas. Muchos de aquellos del lado izquierdo de la escala política sienten verdadero escozor y enemistad hacia aquellos de la derecha y viceversa.

 

[5] Hay épocas en las que los estados islámicos pueden ir a la guerra contra los estados no-musulmanes. Tales condiciones de beligerancia no son algo fuera de lo común en la historia de la humanidad y no necesariamente implican la imposibilidad de alguna cooperación en el futuro. De hecho, los estados europeos constantemente han combatido unos contra otros, a veces durante siglos, y sin embargo hoy día todos ellos pertenecen a la Unión Europea. Un estado de beligerancia afectará la relación entre tales musulmanes y no-musulmanes. Sin embargo, este no es el caso normal en el mundo actual. Así, una discusión de estos casos está más allá del alcance de este artículo.

 

 

[6] Ali Abu Lauz, compilador, Respuestas a Preguntas Comunes de los Nuevos Musulmanes (Ann Arbor, MI: IANA, 1995), p. 30.

 

 

[7] Los temas relacionados a los parientes no-musulmanes y a los vecinos no-musulmanes ya han sido tratados en otros artículos.

 

[8] Ali Abu Lauz, Respuestas, p. 42.

 

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