El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) retornó a La Meca luego de que la gente de Taif le había mostrado desdén y lo había ridiculizado. Ingresó a la ciudad con la protección de al-Mut`im ibn `Adiyy.
Cuando la persecución de los compañeros del Profeta se incrementó severamente, él les dio permiso para emigrar de La Meca a Medina. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) estaba ahora seguro de que su da`wah se había extendido y de que se había vuelto un lugar adecuado para recibir a los emigrantes. Los creyentes empezaron a emigrar en grupos, uno tras otro.
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) conocía la realidad de este mundo, su brevedad y su naturaleza temporal. Por lo tanto vivió en él no en riqueza sino como una persona humilde, soportando el hambre algunos días y comiendo otros con gratitud.
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le dejó claro a su Ummah sobre los peligros de las tentaciones mundanas y encontrarse sumergidos en sus deseos y sus placeres. Dijo:
Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) entró en Medina, su gente le dio la bienvenida con alegría y cordialidad. No hubo una casa por la que él pasara en la que su dueño no sostuviera la cuerda de su camello y le pidiera que se quedara con él. Pero él se disculpaba con cada uno de ellos y les decía: “Déjenla que camine, pues ella está comandada [por Alá].” La camella siguió caminando hasta que llegó a un lugar en donde se sentó. Luego se levantó y siguió adelante un poco, pero volvió al primer sitio y se sentó de nuevo.
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era la persona con más valentía y coraje. Esto está evidenciado por el hecho de que él se levantó en contra de los no creyentes por su cuenta, llamando al monoteísmo (tawhid) y a la adoración sincera de Alá (Todopoderoso)sin asociados. Los no creyentes se opusieron a él y se unieron para hacerle la guerra.
En el mes de Ramadán del segundo año luego de la Hégira, tuvo lugar la gran batalla del Badr. Su causa inmediata fue que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) salió con 313 hombres para interceptar una gran caravana de Quraish que iba en su camino de regreso desde Siria. Abu Sufián (Allah esté complacido con él), el líder de la caravana, era extremadamente alerta y cauto. Él le preguntaba a todo el que se encontraba acerca de los movimientos de los musulmanes.
La batalla de Uhud tuvo lugar en el mes de Shawwal del tercer año luego de la Hégira. Luego de que sus nobles habían muerto en Badr y haber sufrido una calamidad como nunca antes habían sufrido, la tribu de Quraish se inclinó hacia la venganza para restaurar su prestigio perdido. Entonces Abu Sufián (Allah esté complacido con él) empezó a incitarlos en contra de los musulmanes y a reclutar a varias facciones. Reunió a cerca de tres mil hombres de Quraish y sus aliados, acompañados por sus mujeres para prevenir que se escaparan y los alentaran a seguir.
En su libro, Zad al-Ma`ad, Ibn al-Qayyim citó muchas de las enseñanzas y lecciones derivadas de la batalla de Uhud, entre ellas:
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era gentil con su Ummah. Siempre que le fue dada una opción entre dos cosas escogía la más sencilla con el fin de evitar la dificultad para su pueblo. Él dijo (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):
Con relación a la compasión del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) con su comunidad, Anas ibn Malik (Allah esté complacido con él) narró: “Mientras estábamos en la mezquita con el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), un beduino vino y orinó dentro de ella. Los compañeros exclamaron: “Détente, Detente!” Pero el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les dijo: “Déjenlo y no lo interrumpan”. Entonces, lo dejaron hasta cuando terminó.











